EDITORIAL

Estado peruano arrinconado por el narcotráfico

30-07-2010

Los gobiernos de turno, siempre han mantenido la idea de que la lucha contra el narcotráfico debe de estar centrada dentro de una política gubernamental que permita desequilibrar al crimen organizado, desarticular a sus protectores y poner tras las rejas a los responsables; sin embargo, la realidad es otra; incautan ingentes toneladas de drogas, establecen el delito, pero nunca encuentran a los culpables y en todo caso, los intervenidos, son simples chivos espiatorios a quienes la “gran y paciente labor de inteligencia” de la DINANDRO identifica como los “capos” del cargamento decomisado, aunque muchas veces estos no sepan ni leer menos escribir.

Años tras años, se nos ha hecho común escuchar de “fuentes oficiales” la trillada frase, que luego de una paciente labor de inteligencia, se ha podido establecer que la droga incautada salió de los Valles del Alto Huallaga, Tocache, Uchiza, Santa Rosa u de otros centros poblados, habiéndose logrado desarticular una banda de narcotraficantes cuyo “jefe”, de quien se reserva su identidad para no entorpecer la investigación, logró escapar, pero que los agentes especializados ya tienen pistas de su ubicación y su captura sería inmediata, mientras tanto la DINANDRO sigue latente en su labor de combatir el narcotráfico.

¿Trabajo de inteligencia? ¿Cuántos años se sabe que la droga sale de los lugares arriba mencionados? ¿Cuántos operativos, programados con “inteligencia” y con el apoyo de agentes de la DEA para ubicar pozas de maceración ocultas en medio de la selva y laboratorios clandestinos de elaboración de drogas, han dado resultados positivos para contrarrestar el narcotráfico? ¿Cuántas incineraciones se han efectuado desde el 2002 hasta hoy? ¿Cuántos informes de inteligencia de la DINANDRO dando cuenta de los nombres de financistas, productores, traficantes, receptores, magistrados, militares, policías, políticos y hasta ministros defensores de la gran mafia, transportes de droga en avión presidencial y en buques de nuestra gloriosa Marina de Guerra, pistas de aterrizaje oficiales utilizadas por bandas de narcos con aval de militares, han sido ejecutados?. NINGUNO, el silencio cómplice hizo espíritu de cuerpo con la “COCA NOSTRA” que la mantiene hasta la fecha atrapada entre los tentáculos del gran pulpo de la corrupción.

Desde la creación de la DEA en 1973 y su “infiltración” en la política interna de nuestro país como apoyo a la Dirección Nacional Antidrogas, hasta la actualidad, nada se ha conseguido en su publicitado programa de lucha contra el narcotráfico; las grandes toneladas de estupefacientes financiadas desde el extranjero, producidas en nuestra Amazonía, trasladadas por “nuestras” redes mafiosas y protegidas por miembros de nuestro glorioso Ejército, ha demostrado que su “noble misión” ha sido un fracaso, como fracaso también ha sido la planificación castrense de nuestros organismos especializados, que ante una mala operación policial, siempre se tiene un buen pretexto para evadir y salvar responsabilidades. La figura del narcoterrorismo podría ser una de ellas.

En un informe publicado por INVESTIGANDO en octubre del 2005, indicamos que los carteles de drogas extranjeros se habían convertido en “marcas registradas” mundialmente conocidas y aunque tengan fecha de vencidas, su imagen se mantenía viva mientras sirva a otros intereses como la de lograr réditos políticos que han dado buenos resultados a Ministros y oficiales de alta jerarquía de nuestras fuerzas militares, Javier Reategui Rosello y Fernando Rospigliosi pueden dar fe de ello. Sin embargo, el cartel de Tijuana, que según fuentes de inteligencia de la DINANDRO hasta el año 2009, ha sido considerada como la organización que más toneladas de droga adquirió de nuestra Amazonía, menguó su poderío luego de la muerte de su líder Ramón Arellano en febrero del 2002, y la detención de Benjamín Arellano en marzo del mismo año, quedando sin fuerza para seguir liderando el mercado de la droga en México, aprovechando la coyuntura desde ese año Osiel Cárdenas del cartel del Golfo, los Carrillo Fuentes de Juárez y Sandra Ávila conocida como la reina del Pacífico; con todo este antecedente, lo curioso fue que en junio del 2002, la DINANDRO decomisaba más de una tonelada y media de estupefacientes en Chimbote que serían entregadas al cartel de Tijuana, por el cual se detuvieron a 36 personas entre peruanos, colombianos y mexicanos, además se ascendieron a comandantes y coroneles por tan “ingenioso” trabajo.

El narcotráfico ha invadido la costa, sierra y selva del Perú, ha secuestrado nuestro Mar de Grau y ha conquistado un espacio de nuestra sociedad, ha volteado su imagen delictiva emulando al Robin Hood del cine, haciendo por conveniencia lo que el Estado debe de hacer por obligación con los pobres, ha delimitado su poderío dentro de la política peruana al punto de convertirla con apoyo gubernamental desde años atrás en un NARCOESTADO. ¿Negligencia? ¿Incapacidad? ¿Conveniencia? ¿Negociado?. Lo cierto es que el Perú, no tiene absolutamente nada en cuanto a un PLAN GLOBAL DE LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO y seguiremos en lo mismo, mientras tengamos autoridades genuflexas que caigan en las redes del pulpo de la narcocorrupción.

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